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El estrés en el embarazo impacta el cerebro y la crianza desde antes del nacimiento
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El estrés en el embarazo impacta el cerebro y la crianza desde antes del nacimiento

jueves 27 de noviembre de 2025, 09:43h

El estrés durante el embarazo afecta el cerebro y el comportamiento parental, alterando la forma en que madres y padres cuidan a sus crías, según investigaciones de la UNED.

El impacto del estrés durante el embarazo en el desarrollo cerebral y parental

La catedrática de Psicobiología en la UNED, María Cruz Rodríguez del Cerro, se ha consolidado como una de las expertas más relevantes en el estudio de cómo el estrés durante el embarazo puede influir en el cerebro y el comportamiento desde antes del nacimiento. Al frente del único laboratorio en España dedicado a la investigación de la conducta parental desde un enfoque neurobiológico, ha demostrado que el estrés gestacional altera no solo la diferenciación sexual del cerebro y los niveles hormonales, sino que también transforma la manera en que los progenitores cuidan a sus crías, tanto en animales como en seres humanos.

Rodríguez del Cerro explica que “en el modelo experimental con ratas hemos comprobado que el estrés crónico durante la gestación aumenta el número de neuronas en hembras y lo reduce en machos dentro de los mismos núcleos cerebrales, alterando así el patrón característico de cada sexo”. Este fenómeno, denominado “feminización en machos y masculinización en hembras”, también afecta los valores hormonales, disminuyendo la testosterona en machos y el estradiol en hembras.

Los efectos del estrés perinatal en la conducta parental

Uno de los hallazgos más sorprendentes es cómo estos cambios neuroendocrinos se reflejan en la conducta parental. “Las hijas de madres estresadas, al llegar a adultas, no mostraron comportamientos maternales, mientras que los machos manifestaron conductas típicamente maternales”, señala Rodríguez del Cerro. Esto sugiere que el estrés perinatal puede alterar los circuitos cerebrales relacionados con las respuestas afectivas y los vínculos de cuidado.

Los paralelismos entre los roedores y los humanos son significativos. La investigadora destaca que “en mujeres que han sufrido situaciones de estrés crónico durante el embarazo —como violencia doméstica o refugio en contextos bélicos— se observan dificultades para establecer contacto físico y emocional con sus recién nacidos, lo cual impacta negativamente en el desarrollo emocional y social de sus hijos”. El aumento del cortisol en estas madres modifica el ambiente hormonal del feto, desencadenando alteraciones cerebrales y conductuales posteriores.

Investigaciones pioneras sobre estrés ambiental

Para profundizar en estos mecanismos, el equipo de investigación de la UNED ha creado un modelo experimental basado en la exposición controlada de ratas gestantes a tres factores estresantes —luz, calor e inmovilización— durante 45 minutos diarios al final del periodo gestacional. Este modelo ha sido consensuado internacionalmente y permite evaluar cómo las experiencias prenatales afectan al desarrollo posterior del comportamiento parental, una conducta esencial para la supervivencia de la especie.

La UNED lleva más de tres décadas explorando esta línea de investigación. En su laboratorio se han formado estudiantes, desarrollado tesis doctorales y consolidado proyectos financiados por instituciones públicas. La colaboración con la Universidad Estatal de New Jersey (Rutgers) y el apoyo financiero de los National Institutes of Health (NIH) han permitido dar un salto hacia estudios centrados en humanos.

Diferencias entre padres y madres: ¿un futuro equilibrado?

Los resultados actuales obtenidos con poblaciones humanas son tan relevantes como esperanzadores: las diferencias tradicionales entre madres y padres respecto al cuidado del recién nacido tienden a desvanecerse cuando ambos progenitores están más expuestos a los estímulos proporcionados por sus hijos. Según Rodríguez del Cerro, “podríamos afirmar que las diferencias impuestas por la biología, cultura o educación pueden eliminarse”.

Este trabajo pone de manifiesto que el cuidado parental no es simplemente un instinto; es resultado de un delicado equilibrio biológico y emocional. Proteger a las madres y a sus hijos desde su primer momento es fundamental para su bienestar y para construir un futuro mejor para toda la sociedad.

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