El genocidio de 1994 en Rwanda, que se desarrolló en poco más de tres meses, fue un episodio devastador en el que milicias del grupo étnico Hutu llevaron a cabo un asesinato masivo contra miembros del grupo Tutsi, así como contra algunos Hutus moderados y miembros del grupo Twa. En los días posteriores, ciudadanos locales y trabajadores humanitarios comenzaron a documentar las atrocidades cometidas en el país.
Este esfuerzo fue crucial para establecer evidencia de un genocidio que muchos en el exterior tardaron en reconocer; países y la ONU no lo hicieron hasta 1998. Al preservar escenas de masacres y restos de víctimas, estas iniciativas permitieron que extranjeros, periodistas y vecinos fueran testigos de lo ocurrido. A pesar de lo emocional y físicamente desafiante que resultó este trabajo, los ciudadanos utilizaron estos sitios de memoria para buscar justicia por aquellos que habían sido asesinados o heridos.
La memoria convertida en historia oficial
A través de estos esfuerzos, la memoria se transformó en historia oficialmente reconocida. En su nuevo libro, la académica del MIT, Delia Wendel, examina detalladamente esta labor, iluminando el papel de quienes crearon los memoriales del genocidio estatal y las decisiones tomadas durante el proceso, como la disponibilidad pública de los restos de los muertos. Wendel también analiza cómo el estado asumió el control de este esfuerzo y ha decidido representar el pasado a través de estos memoriales.
“Busco recuperar esta historia olvidada sobre la ética del trabajo, al mismo tiempo que contiendo con las motivaciones de la soberanía estatal que lo han sostenido”, comenta Wendel, quien es profesora asociada en el Departamento de Estudios Urbanos y Planificación (DUSP) del MIT.
El libro titulado “Rwanda’s Genocide Heritage: Between Justice and Sovereignty” ha sido publicado por Duke University Press y está disponible gratuitamente a través de las bibliotecas del MIT. En él, Wendel revela nuevos detalles sobre los primeros esfuerzos por preservar la memoria del genocidio, analizando las dinámicas sociales y políticas involucradas, así como su impacto en las personas y los espacios públicos.
Conversaciones significativas sobre la memoria
La obra de Wendel es el resultado de más de una década de investigación relacionada con actividades de construcción de paz tras el genocidio. Para este proyecto sobre la conmemoración del genocidio, visitó más de 30 aldeas en Rwanda a lo largo de varios años, estableciendo conexiones y diálogos con los ciudadanos además de realizar investigaciones sociales convencionales.
"Hablar con los residentes rurales comenzó a desbloquear diferentes tipos de conversaciones", señala Wendel sobre sus visitas. "Mucho de eso tenía que ver con la memoria y las relaciones con el lugar, los vecinos y la autoridad". Sin embargo, reconoce que estos son temas difíciles para abordar debido a su naturaleza sensible. “Este libro ha requerido mucho tiempo para investigar y construir cierta confianza”, agrega.
Durante su investigación, Wendel conversó extensamente con figuras clave involucradas en este proceso, como Louis Kanamugire, quien se convirtió en el primer presidente de la Comisión Nacional del Genocidio tras la guerra. Kanamugire perdió a sus padres durante el genocidio y consideraba necesario preservar y exhibir los restos de las víctimas en cuatro sitios clave que posteriormente se convertirían en memoriales estatales.
Tensiones inherentes al proceso memorial
Este proceso implicó un trabajo desgarrador para limpiar y preservar cuerpos y huesos; una tarea fundamental para proporcionar evidencia material del genocidio así como bases para iniciar procesos de reparación social e individual. Además, Wendel detalla por primera vez el trabajo realizado por Mario Ibarra, un trabajador humanitario chileno que investigó atrocidades y contribuyó significativamente a la Comisión Nacional del Genocidio.
"La narrativa tradicional sobre la memorialización en Rwanda ha estado marcada por el control estatal", explica Wendel. "Sin embargo, al principio, el gobierno siguió iniciativas independientes lideradas por este trabajador humanitario y residentes locales". En su libro también compara las prácticas memoriales rwandesas con las implementadas en otros países del llamado Sur Global, fenómeno que denomina “herencia traumática”. Esta idea sigue trayectorias similares en naciones africanas y sudamericanas.
Búsqueda continua por justicia e identidad
Herencia traumática implica hacer visible una violencia previamente oculta e intervenir en dinámicas de poder. "Crear espacios públicos para un dolor silenciado es una manera de buscar reconocimiento por esos daños", afirma Wendel.
No obstante, es importante señalar que Rwanda pudo construir memoriales debido a que tropas Tutsi recuperaron el poder tras derrotar a sus adversarios Hutu en la década de 1990. En un estado donde no existe libertad total de expresión, el gobierno ejerce considerable control sobre el contenido y formas utilizadas para recordar estos eventos trágicos.
A medida que avanza la discusión sobre cómo exponer los restos humanos sin deshumanizar a las víctimas ni enfatizar su sufrimiento extremo, surgen tensiones psicológicas entre quienes sobrevivieron. La memorialización se convierte entonces en un proceso complejo lleno de desafíos éticos.
Perspectivas críticas sobre la representación histórica
"El libro aborda las tensiones entre la ética del trabajo memorialista y su política", concluye Wendel. “Se encuentra arraigado en la tensión entre lo invisible y lo visible; entre ser visto y reconocer la humanidad victimal mientras se representa una violencia deshumanizante”. Estas son dilemas irresolubles enfrentados por quienes llevan a cabo esta labor tan delicada.
"Los rwandeses han tenido que lidiar con las complejas políticas relacionadas con reparar injusticias", reflexiona Wendel. Expertos como Pumla Gobodo-Madikizela, profesora en Sudáfrica especializada en efectos psicológicos tras violencia masiva, elogian su obra destacando cómo estas narrativas no solo preservan restos sino también reclaman la humanidad perdida.
Wendel espera que su libro atraiga lectores interesados no solo en historia rwandesa sino también en derechos humanos,memoria pública y diseño espacial relacionado con episodios históricos traumáticos.