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Las algas rojas en la Antártida cubren más superficie de lo previsto
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Las algas rojas en la Antártida cubren más superficie de lo previsto

Por Gonzalo Gómez-del Estal
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gonzaloiymagazinees/7/7/18
viernes 23 de enero de 2026, 11:39h
Actualizado el: 23 de enero de 2026, 12:39h

Un estudio del ICMAN-CSIC revela que las algas rojas en la Antártida son más extensas de lo esperado, acelerando el deshielo al reducir la reflexión solar. Se requiere más investigación.

Un estudio reciente liderado por el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC), en colaboración con la Universidad de Cádiz y la Universidad del País Vasco, ha revelado que las floraciones de algas rojas en la Antártida son significativamente más extensas de lo que se había anticipado. Los hallazgos, publicados en la revista Communications Earth & Environment, indican que estas algas pueden llegar a cubrir más del 10% del archipiélago de las Islas Shetland del Sur, lo cual tiene implicaciones alarmantes para el deshielo al disminuir la capacidad de la superficie para reflejar la radiación solar.

Las algas rojas, un término que agrupa a ciertas especies de microalgas, proliferan durante el verano antártico (de diciembre a febrero), tiñendo la nieve de un sutil color rojizo y dando origen al fenómeno conocido como “nieve rosa”. Este nuevo estudio proporciona una visión detallada sobre el crecimiento de estas algas en las islas Shetland del Sur, un archipiélago crucial para la investigación polar española, donde se encuentran las bases antárticas Gabriel de Castilla (en isla Decepción) y Juan Carlos I (en isla Livingston).

Proliferación alarmante de algas en el continente helado

Los resultados obtenidos muestran que durante el verano austral, estas microalgas pueden ocupar entre el 3% y el 12% de cada isla, alcanzando una superficie máxima de 176 km². Esta extensión es considerablemente mayor a lo documentado anteriormente. El equipo investigador ha observado este fenómeno tanto en glaciares como en nieves costeras y casquetes polares.

Alejandro Román, investigador del CSIC en el ICMAN y primer autor del estudio, explica que “las algas rojas sobre la nieve contribuyen a reducir el albedo superficial hasta en un 20%, favoreciendo así la absorción de calor y acelerando el deshielo”. Este proceso genera un preocupante bucle de retroalimentación positiva dentro del contexto del cambio climático, ya que el incremento del deshielo crea condiciones aún más propicias para la proliferación de estas algas.

Tendencias crecientes en la presencia de microalgas

El estudio abarca un periodo de seis años (2018-2024) y revela una tendencia creciente en la presencia de estas microalgas: “Observamos que cada año ocupan una mayor superficie y su presencia se prolonga más tiempo dentro del verano austral”, señala Román. Además, enfatiza la necesidad urgente de realizar más investigaciones y considerar series temporales más amplias para validar estas observaciones.

La investigación combina datos innovadores provenientes de teledetección por satélite (Sentinel-2) con información obtenida mediante un sensor hiperespectral operado desde un dron. Esto ha permitido captar las propiedades espectrales del alga roja a través de diversas longitudes de onda, creando así la primera base de datos hiperespectral sobre estas floraciones masivas disponible para toda la comunidad científica.

Implicaciones ecológicas y climáticas significativas

A partir de esta información, los investigadores aplicaron técnicas avanzadas de aprendizaje automático para identificar y cartografiar la distribución espacial de las algas rojas. Utilizando 45 imágenes satelitales libres de nubes que cubrieron todo el archipiélago, lograron evaluar con precisión la extensión real de estos blooms a gran escala. “Nuestros resultados indican que estas proliferaciones no son fenómenos locales aislados; son procesos extendidos que podrían impactar significativamente el balance energético y las dinámicas de deshielo en las zonas costeras antárticas”, concluye Román.

Los hallazgos aportan información crucial para monitorear los ecosistemas polares y comprender mejor cómo estos microorganismos influyen en los procesos de deshielo frente al calentamiento global. Además, establecen las bases para desarrollar sistemas continuos de monitorización mediante observación remota e inteligencia artificial, herramientas esenciales para evaluar los impactos ecológicos del cambio climático en regiones polares vulnerables.

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