Investigadores de la Universidad de Cádiz demuestran que los bosques fragmentados presentan déficits en diversidad vegetal debido a la escasez de semillas
Un equipo de investigadores del departamento de Biología y del Instituto Universitario de Investigación Marina (INMAR) ha llevado a cabo un estudio que revela cómo la fragmentación del paisaje afecta negativamente a la diversidad de plantas en el bosque mediterráneo. Publicado en el Journal of Applied Ecology, este trabajo se basa en un experimento que involucró la siembra de 61.000 semillas en el Valle del Guadalquivir, donde se ha observado que, aunque el hábitat parece adecuado, las áreas forestales rodeadas por cultivos tienen menos especies vegetales de las que podrían albergar.
La investigación se desarrolla en un contexto marcado por la alteración histórica del paisaje, donde factores como la deforestación, el uso intensivo del suelo y perturbaciones como el pastoreo o los incendios han transformado grandes extensiones de bosque en fragmentos aislados. En particular, el estudio se centra en la provincia de Cádiz, donde actualmente solo alrededor del 5% del territorio está cubierto por bosques.
El dilema de la recolonización en paisajes fragmentados
Los autores plantean una cuestión fundamental para la conservación: cuando una especie típica del bosque mediterráneo no se encuentra en un fragmento adecuado, ¿es porque el hábitat no es propicio o porque las semillas no logran llegar? Según Lucía Acevedo-Limón, investigadora principal y autora del estudio, “la dispersión de semillas a través de zonas agrícolas y urbanas es muy complicada para las plantas”. Esto significa que si una especie desaparece de un área determinada, su recolonización puede verse obstaculizada por la falta de semillas provenientes de otros fragmentos.
El estudio pone énfasis en el proceso crítico de dispersión de semillas, ya que esta es esencial para que las plantas puedan recolonizar áreas donde han desaparecido. Sin embargo, en paisajes fragmentados, este proceso puede ser limitado. Algunas especies dependen de animales frugívoros para dispersar sus semillas, mientras que otras simplemente caen cerca de la planta madre.
Resultados significativos sobre establecimiento y conectividad
A fin de evaluar si la limitación proviene realmente de la llegada insuficiente de semillas y no del hábitat, los investigadores sembraron 61.000 semillas pertenecientes a diez especies arbustivas en diez grandes fragmentos forestales. Compararon las tasas de germinación y supervivencia entre aquellos lugares donde cada especie estaba presente y donde estaba ausente. Para controlar factores externos, algunas siembras fueron protegidas con jaulas pequeñas para excluir vertebrados granívoros y herbívoros.
Los resultados confirmaron una idea central: cuando las semillas son introducidas adecuadamente, muchas especies pueden establecerse incluso en fragmentos donde antes no estaban presentes. Las probabilidades promedio de establecimiento fueron similares tanto en los fragmentos ocupados como en los desocupados. Esto sugiere que el hábitat podría ser apto y que las ausencias observadas se deben principalmente a la falta o escasez de llegada de semillas.
A pesar del impacto negativo que los vertebrados pueden tener sobre el establecimiento inicial, este factor no explica completamente las ausencias encontradas. Los investigadores han subrayado la importancia práctica de estos hallazgos para restaurar la diversidad vegetal en paisajes altamente transformados.
Estrategias para mejorar la diversidad vegetal
Las implicaciones prácticas son claras: facilitar la llegada de especies ausentes mediante siembras o plantaciones podría ser una solución efectiva. Otra estrategia sería mejorar la conectividad del paisaje creando setos con alta diversidad autóctona alrededor de los cultivos. Esta acción aumentaría la movilidad de aves frugívoras y mejoraría la disponibilidad general de semillas, facilitando así la recolonización tras eventos como incendios locales.
En palabras de Juan P. González-Varo, coautor del estudio y profesor en la Universidad de Cádiz, “mejorar estas conexiones puede ser crucial para recuperar ecosistemas dañados”. La investigación resalta cómo acciones concretas pueden contribuir significativamente a restaurar los ecosistemas mediterráneos tan amenazados por diversas actividades humanas.