La degradación del suelo se ha convertido en un factor crítico que contribuye a la creciente intensidad de los incendios forestales en la Amazonía. Estudios recientes realizados en Ucayali, Perú, han demostrado que los suelos deteriorados pierden humedad y reservas naturales de carbono, lo que genera condiciones propicias para la propagación rápida e intensa de los fuegos. Sin embargo, las investigaciones también revelan que la restauración productiva y la transición hacia cultivos permanentes pueden reducir significativamente el riesgo de incendios.
El ecólogo de sistemas Dr. Miguel Pinedo-Vásquez explica que el fuego no solo afecta a la vegetación superficial. “Cuando los suelos pierden su carbono y humedad natural, también pierden su capacidad para retener agua y mantener el equilibrio biológico. Un suelo empobrecido es un suelo que arde más fácilmente”, señala.
Históricamente, en la Amazonía se ha utilizado el fuego para gestionar pastizales, preparar pequeñas parcelas agrícolas y controlar especies invasoras. Sin embargo, las consecuencias no deseadas de estas prácticas se han vuelto cada vez más evidentes. Los suelos degradados se secan más rápidamente durante las sequías estacionales, haciendo que los paisajes sean más vulnerables a incendios incontrolados. Además de los fuegos accidentales, los conflictos por el uso del suelo y las prácticas de quema sin control agravan aún más el problema.
Restauración como solución viable
La investigación realizada a lo largo del corredor Pucallpa–Aguaytía, en la carretera Federico Basadre, identifica esta zona como una de las más dinámicas y vulnerables de la Amazonía peruana. La conversión de bosques y parcelas agrícolas tradicionales en áreas dedicadas a la ganadería intensiva ha reducido significativamente las reservas de carbono del suelo. Esta pérdida debilita la resiliencia del ecosistema, limitando la capacidad del terreno para soportar eventos de sequía e incendios.
A pesar de estos desafíos, los hallazgos apuntan hacia soluciones prácticas. En el distrito de Amaquella, cerca de Pucallpa, la transición de pastizales degradados a cultivos permanentes como el cacao y la palma aceitera ha mostrado resultados medibles. Los productores informan que bajo este modelo de restauración productiva, los incendios disminuyeron un 22% en 2024 y un 42% en 2025. Mantener una cobertura vegetal permanente mejora la estabilidad del suelo, aumenta la retención de humedad y apoya la recuperación gradual de las reservas de carbono, reduciendo así la probabilidad de propagación del fuego.
El Dr. Pinedo-Vásquez enfatiza que prevenir incendios forestales en la Amazonía requiere más que simplemente prohibir las quemas; es necesario transformar estructuralmente los sistemas de uso del suelo. “Los incendios representan uno de los mayores obstáculos para restaurar tierras degradadas. Para abordar este desafío, debemos identificar claramente los roles de propietarios, productores y autoridades públicas tanto en los procesos de degradación como en los de restauración”, subraya.
Colaboraciones necesarias para un cambio efectivo
Documentar casos exitosos, fortalecer la colaboración con universidades locales y desarrollar herramientas prácticas para prevención y recuperación son pasos esenciales para escalar estas soluciones en Ucayali y otras partes de la Amazonía. La restauración productiva no solo mitiga el riesgo de incendios forestales sino que también protege medios de vida y contribuye a una resiliencia climática a largo plazo.
El Dr. Miguel Pinedo-Vásquez es investigador asociado al Instituto Internacional para Investigaciones sobre Clima y Sociedad (IRI) en la Universidad Columbia, donde se especializa en dinámicas socioambientales en la Amazonía y participa en discusiones científicas sobre gestión de incendios forestales en Perú.