La transición energética se ha convertido en un tema crucial en la lucha contra el cambio climático, aunque su alcance va más allá de este objetivo. En naciones como Colombia, que dependen significativamente de las exportaciones de productos fósiles, es fundamental que este proceso no exacerbe los problemas de desigualdad histórica. Este asunto debería estar en la agenda de discusión entre gobernantes y candidatos a las elecciones de 2026.
Un indicativo palpable de esta transición es el creciente número de vehículos eléctricos que circulan por las ciudades. Sin embargo, el profesor Javier García-Estévez, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, advierte que “hablar de transición no se limita a sustituir el artefacto, que es el petróleo; implica transformar todos los componentes del sistema”.
Componentes Clave de la Transición Energética
Dicha transformación abarca cambios culturales, refuerzo de sectores económicos, creación de incentivos y una planificación inclusiva que considere tanto a los beneficiarios como a aquellos que podrían verse afectados por esta evolución. Este enfoque da lugar al concepto de transición justa, donde García-Estévez destaca tres elementos esenciales: la justicia ambiental, social y energética.
A medida que avanza la discusión sobre cómo implementar efectivamente esta transición, es vital considerar estos componentes para asegurar que el cambio no solo sea técnico, sino también equitativo y sostenible para todos los sectores de la sociedad.
Desafíos y Oportunidades en Colombia
La transición energética presenta tanto desafíos como oportunidades para países como Colombia. La necesidad de diversificar su economía y reducir la dependencia del petróleo puede abrir puertas a nuevas industrias y tecnologías sostenibles. Sin embargo, esto requiere un compromiso firme por parte del gobierno y un diálogo constante con la ciudadanía para garantizar que se aborden las preocupaciones sociales y económicas.
En conclusión, avanzar hacia una transición energética justa no solo es crucial para combatir el cambio climático, sino también para construir un futuro más equitativo. Los líderes deben actuar con responsabilidad y visión para guiar a sus pueblos hacia un nuevo modelo energético que beneficie a todos.