Lucie Joly, practicante hospitalaria en psiquiatría en el Hospital Saint-Antoine de la AP-HP y Sorbonne Université, aborda los sesgos de género en la medicina, destacando sus raíces históricas y metodológicas. En un contexto donde el cuerpo masculino ha sido considerado como la norma, Joly enfatiza cómo esta perspectiva ha afectado la calidad del conocimiento y la atención médica, abogando por una psiquiatría que integre las dimensiones hormonales, biológicas y sociales que caracterizan la vida de las mujeres.
¿Qué motivó su especialización en la salud mental femenina?
Lucie Joly: Mi trayectoria es tanto personal como científica. Crecí en un entorno donde la medicina era predominante; mi madre era profesora de medicina y mi hermana pediatra. Desde joven, comprendí la importancia del rigor científico y del pensamiento crítico, pero también me percaté de las áreas poco exploradas o consideradas marginales dentro de este campo. Al formarme en psiquiatría, noté una paradoja: aunque las mujeres son más propensas a buscar ayuda por problemas psicológicos y están sobrerrepresentadas en ciertos diagnósticos, sus particularidades biológicas han sido ignoradas en los modelos teóricos y protocolos de tratamiento. La *perinatalidad* se convirtió para mí en un punto crucial que conecta diversas disciplinas científicas.
Biais de género en la medicina moderna
¿Por qué se construyó la medicina moderna sobre un modelo masculino considerado universal?
L. J.: El cuerpo masculino fue establecido como norma mientras que el femenino fue visto como una variación o complejidad adicional. Esta situación tiene múltiples causas históricas y sociales; la medicina académica surgió en sociedades patriarcales donde las mujeres fueron excluidas de los espacios de conocimiento y decisión. Además, durante décadas, se excluyó a las mujeres de ensayos clínicos bajo el pretexto de su "complejidad" biológica, lo que resultó en un empobrecimiento del conocimiento médico.
¿Qué sesgos de género persisten hoy en día en la investigación médica?
L. J.: Aún observamos la exclusión histórica de las mujeres en ensayos clínicos, el subfinanciamiento crónico de investigaciones sobre salud femenina y estereotipos persistentes que afectan la interpretación de síntomas. En psiquiatría, las fluctuaciones hormonales relacionadas con el ciclo menstrual o el embarazo han sido desestimadas como variables irrelevantes cuando, en realidad, influyen significativamente en aspectos como el estado emocional y cognitivo.
Impacto directo sobre el diagnóstico y tratamiento
En su práctica clínica, ¿ha notado trastornos subdiagnosticados o mal interpretados entre mujeres?
L. J.: Sí, los trastornos ansiosos a menudo son minimizados o atribuidos a una supuesta "sensibilidad" femenina. Esto retrasa el acceso a tratamientos adecuados. Por otro lado, algunos diagnósticos pueden ser sobrediagnosticados mientras que otros, como el TDAH o ciertos trastornos bipolares, permanecen sin diagnosticar o son identificados tardíamente.
La salud mental perinatal ha sido un área descuidada; ¿qué revela sobre los sesgos de género?
L. J.: Muestra cómo todo lo relacionado con el cuerpo reproductivo femenino ha sido idealizado o invisibilizado. La maternidad solía considerarse un estado protector contra problemas psicológicos; reconocer condiciones como la depresión perinatal desafía estas creencias arraigadas.
Aproximación personalizada al tratamiento
¿Por qué es vital adoptar un enfoque personalizado para tratar la depresión femenina?
L. J.: Las mujeres son aproximadamente dos veces más propensas a sufrir depresión entre la pubertad y la menopausia. Esta realidad cuestiona los modelos diagnósticos basados en una norma masculina presentada como universal. La depresión no puede ser explicada solo por factores sociales; está intrínsecamente relacionada con cambios hormonales que afectan los circuitos cerebrales responsables del estado emocional.
La medicina personalizada ha demostrado su eficacia en otras áreas como cardiología; reconocer las especificidades femeninas ha transformado significativamente su tratamiento. Es esencial aplicar este enfoque también a la depresión femenina ajustando tratamientos según diferentes etapas hormonales.
Consecuencias colectivas de no considerar el género
¿Qué se pierde cuando no se considera el género en medicina?
L. J.: Pérdida de precisión científica y equidad social; ignorar el género perpetúa vacíos que afectan directamente la calidad del cuidado médico. Integrar sexo y género enriquecerá nuestra comprensión médica y mejorará los resultados terapéuticos.
¿Qué medidas concretas podrían reducir estos sesgos?
L. J.: Deben implementarse estudios que incluyan análisis por sexo y género sistemáticamente, así como integrar factores hormonales en modelos psiquiátricos y formar a profesionales sobre estos sesgos implícitos.