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Educación emocional

Las emociones como motor del aprendizaje significativo en educación
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Las emociones como motor del aprendizaje significativo en educación

sábado 30 de agosto de 2025, 16:00h

Las emociones son fundamentales en el aprendizaje, influyendo en la memoria y motivación. Un entorno emocional positivo potencia la conexión entre docentes y alumnos, mejorando la experiencia educativa.

Las emociones desempeñan un papel fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje, influyendo significativamente en la memoria, la motivación y la conexión entre maestros y alumnos. En el ámbito educativo, la psicopedagogía ha subrayado que el aprendizaje no puede ser concebido como un proceso cognitivo aislado. Las neurociencias han aportado evidencia contundente sobre cómo las emociones impactan la adquisición, procesamiento y retención de información.

Como afirma Mora (2014), “las emociones encienden y mantienen la curiosidad y la atención, y con ello, el interés por el descubrimiento de todo lo nuevo”. Esta observación abre un abanico de posibilidades para docentes y psicopedagogos al crear entornos de aprendizaje positivos que potencien tanto la motivación como la memoria.

La relación entre emoción y aprendizaje: una perspectiva neurobiológica

La conexión entre emoción y aprendizaje se fundamenta en procesos neurobiológicos. Cuando un estímulo provoca emociones positivas, se libera dopamina y otros neurotransmisores que favorecen la plasticidad sináptica, facilitando así nuevas conexiones neuronales. Esto implica que lo aprendido tiene más probabilidades de permanecer a largo plazo. Por otro lado, un ambiente cargado de emociones negativas puede generar estrés, elevando los niveles de cortisol e interfiriendo con la atención y la memoria de trabajo. Por ende, comprender el papel de las emociones es crucial para diseñar experiencias educativas significativas.

Mora propone un modelo que incluye siete emociones básicas: felicidad, amor, sorpresa, miedo, ira, tristeza y asco. Estas emociones son motores esenciales del comportamiento y del aprendizaje. Incluso las emociones negativas cumplen funciones adaptativas al dirigir nuestra atención hacia lo importante y estimular acciones decisivas.

Aceptar las emociones en el aula: una necesidad educativa

Reconocer estas emociones dentro del aula implica aceptar que el aprendizaje no puede ser emocionalmente neutro. La sorpresa despierta curiosidad; la felicidad crea un clima de confianza propicio para la cooperación; incluso emociones como el miedo o la ira pueden transformarse en impulsores de resiliencia si se manejan adecuadamente.

En consonancia con esta visión, el modelo de Conscious Discipline, desarrollado por Becky Bailey (2015), ofrece estrategias prácticas desde edades tempranas para regular las emociones en el aula. Este enfoque sostiene que el maestro debe ser un modelo de autocontrol y conexión afectiva, ya que su rol va más allá de impartir conocimientos.

La importancia del vínculo emocional entre maestros y alumnos

El establecimiento de una conexión sólida con los alumnos es esencial. Aun cuando un docente sea competente y empático, si los estudiantes no perciben un vínculo cercano ni se sienten cómodos, su aprendizaje será limitado. Las experiencias memorables suelen depender de la intensidad emocional involucrada; aquellas situaciones donde los alumnos se sienten conectados con sus actividades o con sus maestros tienden a almacenarse a largo plazo.

El desafío psicopedagógico radica en integrar las emociones como parte esencial de las prácticas educativas. Es vital fomentar conexiones auténticas entre docentes y estudiantes, así como promover experiencias colectivas que estimulen interacciones positivas. Estrategias como el aprendizaje cooperativo, el uso narrativo en clase y la retroalimentación positiva ayudan a los alumnos a entender que aprender también es un proceso emocional y relacional cuyo objetivo es disfrutar del conocimiento adquirido.

Conclusión: Emociones como base del aprendizaje significativo

Así queda reafirmado que las emociones constituyen la base fundamental de todos los procesos relacionados con el aprendizaje y la memoria. Una tarea clave para los psicopedagogos consiste en diseñar entornos donde la conexión emocional sea primordial; enseñar debe implicar avivar sentimientos que fomenten el deseo genuino por aprender.

Referencias:

  • Arévalo, J. (2022). Neuropsicología escolar. Manual Moderno
  • Bailly, B.A. (2015). The NEW Conscious Discipline Book: Expanded & Updated.
  • Mora,F. (2014). Neuroeducación: solo se puede aprender aquello que se ama. Alianza Editorial.
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