El Consell de Govern de la Universitat de Lleida (UdL) ha dado luz verde a la propuesta de presupuesto para el año 2026, que alcanzará los 118,8 millones de euros, lo que representa un incremento de 2,1 millones (un 1,8%) en comparación con el presupuesto actual. La gerenta de la UdL, Maite Calderó, ha explicado que “el actual equipo de gobierno ha asumido la propuesta del anterior para poderla presentar dentro del plazo establecido, ya que no hace ni un mes de la toma de posesión”. Para que este presupuesto sea definitivo, deberá contar con el visto bueno del Consejo Social, que se reunirá el próximo martes 23 de diciembre.
Aumento en un contexto económico desafiante
Este presupuesto, caracterizado como continuista para el ejercicio 2026, se desarrolla en un contexto económico marcado por un crecimiento moderado y una progresiva desaceleración. Calderó ha señalado que “a este escenario se suma la falta de presupuestos aprobados por la Generalitat de Cataluña desde 2022, una situación que genera un infrafinanciamiento estructural de las universidades públicas”. Además, ha recordado los efectos de la inflación sostenida y el aumento de los costos de Seguridad Social en los últimos años, factores que han creado tensiones significativas para mantener el equilibrio presupuestario.
En este marco que exige contención en el gasto, se ha realizado un esfuerzo para aumentar el financiamiento a centros y departamentos considerando la inflación. Calderó concluyó afirmando que se han revisado los gastos corrientes con criterios de contención para poder mantener e incrementar ligeramente las ayudas al estudiantado.
Perspectivas futuras y desafíos
A medida que se aproxima la aprobación definitiva del presupuesto, las autoridades universitarias enfrentan el reto de equilibrar las necesidades educativas con las limitaciones financieras. La situación actual pone a prueba la capacidad de gestión y adaptación ante un panorama económico incierto.
La UdL continúa trabajando para asegurar recursos adecuados que permitan no solo sostener su funcionamiento, sino también mejorar las condiciones para su comunidad académica. Este esfuerzo es fundamental en tiempos donde la educación superior enfrenta múltiples desafíos financieros y estructurales.