Un reciente estudio del Instituto de Estudios Avanzados en Educación y del Centro de Investigación Avanzada en Educación (IE-CIAE) de la Universidad de Chile ha puesto bajo la lupa los efectos que generan las inspecciones escolares realizadas por la Agencia de Calidad de la Educación. A través de un análisis detallado en 21 establecimientos educativos de diversas regiones, se ha investigado cómo estas visitas son percibidas por las comunidades educativas y qué impacto tienen en sus prácticas.
Históricamente, las inspecciones escolares han sido vistas como una forma de evaluación externa, donde organismos públicos evalúan el funcionamiento y desempeño de los colegios. Aunque durante años estas visitas generaron preocupación y tensión, actualmente se busca que sean más orientadas al apoyo y mejora. En el contexto chileno, la Agencia tiene como objetivo orientar a las escuelas con desempeños más bajos.
Efectos Emocionales y Reflexión en las Comunidades Educativas
Los hallazgos del estudio indican que, aunque inicialmente estas visitas provocan estrés y temor debido a la cultura de rendición de cuentas del sistema escolar chileno, este efecto emocional tiende a disminuir rápidamente. Con el avance de las visitas, muchas instituciones valoran el diálogo con los evaluadores y aprecian recibir una perspectiva externa sobre su labor educativa.
La investigadora Fernanda Goñi destaca que “las visitas de la Agencia tienen como propósito evaluar y orientar el mejoramiento de los establecimientos educacionales que requieren más apoyo”. Para ello, se utilizan cuatro dimensiones fundamentales: Liderazgo, Gestión Pedagógica, Formación y Convivencia, y Gestión de Recursos.
A pesar de estos beneficios, el estudio señala que muchas veces las reflexiones generadas no se traducen en mejoras concretas a corto plazo. Según el investigador Xavier Vanni, “sin mecanismos de seguimiento más sólidos... la traducción de la reflexión colaborativa en cambios reales seguirá siendo limitada”.
Desafíos para la Implementación Efectiva
Uno de los principales obstáculos identificados es que los resultados suelen concentrarse en los equipos directivos sin ser compartidos o trabajados colectivamente con docentes u otros actores relevantes. Además, muchas comunidades educativas carecen del acompañamiento necesario para implementar efectivamente las recomendaciones derivadas del diagnóstico recibido.
El equipo investigador concluye que, si bien las visitas presentan un alto potencial para mejorar la calidad educativa, es crucial generar más espacios de diálogo entre todos los actores involucrados. También subrayan la necesidad de asegurar un seguimiento adecuado y mayor flexibilidad en el proceso evaluativo para adaptarlo a las realidades específicas de cada establecimiento.
Goñi enfatiza que “en contextos de alta presión por resultados... su potencial reside en ofrecer una mirada externa creíble que refuerce procesos de autoevaluación”. Este enfoque podría transformar las visitas en oportunidades formativas en lugar de experiencias punitivas.
Este estudio inédito proporciona evidencia valiosa para reimaginar cómo las visitas pueden convertirse en herramientas más efectivas para fomentar mejoras significativas dentro del ámbito educativo.
Puedes revisar la investigación completa acá.