“Siempre que me acuerdo de algo, siempre lo recuerdo un poco diferente”. Esta frase, parte de la canción Memória de **Rosalía**, revela una profunda verdad sobre la naturaleza de nuestra memoria. La artista, en colaboración con la portuguesa **Carminho**, aborda un fenómeno estudiado por la psicología y la neurociencia cognitiva: la memoria no opera como un archivo inmutable, sino como un proceso dinámico que se transforma con cada evocación.
Cuando recordamos, no estamos accediendo a una copia exacta de los hechos pasados. En su lugar, cada recuerdo se convierte en un proceso activo, donde se reconstruyen y transforman los recuerdos. Este fenómeno es conocido como reconsolidación, que implica que cada vez que evocamos un recuerdo, este entra en un estado temporalmente inestable, susceptible a modificaciones antes de ser “almacenado” nuevamente.
La dinámica del recordar: entre la vulnerabilidad y el cambio
Cada recuerdo evocado se vuelve vulnerable; puede incorporar nueva información o reinterpretarse emocionalmente. Por ejemplo, al rememorar una conversación, es común añadir palabras o gestos que nunca fueron pronunciados. De igual forma, situaciones inicialmente vergonzosas pueden ser recordadas más tarde como divertidas.
Este proceso de recordar no garantiza acceder a una versión exacta del pasado. Más bien, cada evocación produce una versión actualizada del recuerdo que seguirá evolucionando en futuras ocasiones. Sin embargo, no todos los recuerdos son igualmente susceptibles a esta inestabilidad; aquellos más antiguos o significativos suelen requerir más tiempo para entrar en el estado de reconsolidación.
Un estudio reveló que los recuerdos recientes necesitaban solo tres minutos para volverse vulnerables, mientras que los más robustos requerían diez. Una vez alcanzado este estado, podían debilitarse o fortalecerse según las circunstancias.
El cerebro y la flexibilidad de los recuerdos
A nivel neurobiológico, cada vez que evocamos un recuerdo, el cerebro reactivará las redes neuronales asociadas. Durante este breve período, las conexiones sinápticas se vuelven más flexibles, permitiendo cambios antes de estabilizarse nuevamente. Este proceso implica tanto el fortalecimiento como el reajuste de las conexiones neuronales fundamentales para nuestros recuerdos.
No se trata de una falla en nuestra memoria; al contrario, recordar evita el olvido pero también expone al recuerdo a distorsiones. Así, aunque podamos sentir que nuestros recuerdos son precisos y claros, estos pueden haber sido alterados durante el proceso de reconsolidación.
Las implicaciones terapéuticas de la reconsolidación
A pesar de sus desventajas potenciales, las distorsiones en la memoria ofrecen oportunidades valiosas en contextos terapéuticos. En tratamientos para trastornos como el estrés postraumático o la ansiedad, el proceso de reconsolidación puede utilizarse para reinterpretar recuerdos dolorosos en entornos seguros. Esto permite reducir su carga emocional y gestionar mejor las experiencias pasadas.
“Siempre es verdad en mi mente”, canta Rosalía en su tema Memória. Este verso resuena con investigaciones recientes sobre cómo nuestra confianza en los recuerdos no siempre refleja su precisión real. Un estudio sobre “recuerdos destello”, aquellos vívidos y emocionalmente intensos—como recordar dónde estábamos cuando se declaró el estado de alarma por COVID-19—demostró que con el tiempo estos recuerdos pierden consistencia aunque mantenemos alta confianza subjetiva en ellos.
La memoria: construcción de identidad
Bajo esta perspectiva, la memoria va más allá de ser un simple registro del pasado; es una herramienta esencial para reconstruirlo y formar nuestra identidad. Recordamos quiénes fuimos basándonos en quiénes somos ahora: nuestras emociones y necesidades actuales moldean nuestro entendimiento del pasado.
Cada recuperación abre una oportunidad para integrar vivencias pasadas con nuestro presente. Gracias a este proceso flexible y adaptativo mantenemos una sensación de coherencia personal a pesar de perder detalles específicos.
Conclusión: La memoria como proceso vivo
Lejos de ser un defecto, esta naturaleza cambiante es una fortaleza fundamental que nos permite aprender y resignificar experiencias previas. Recordar es transformar; así que cuando un recuerdo resurja en nuestra mente, es probable que estemos accediendo a su última versión viva—aunque sea ligeramente distinta—y aún así se sentirá igual de convincente.