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Burnout Académico

Aumento del burnout académico tras la pandemia de Covid-19

Aumento del burnout académico tras la pandemia de Covid-19

Por José Enrique González
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jenriqueiymagazinees/8/8/19
martes 24 de marzo de 2026, 21:27h

La pandemia ha resaltado la importancia de la salud mental en el ámbito académico, centrándose en el burnout, una síndrome de estrés crónico que afecta a estudiantes por exigencias y falta de recursos.

La pandemia de Covid-19 ha puesto en el centro del debate la salud y el bienestar en el ámbito académico. En este contexto, surge una preocupación creciente por el burnout, o síndrome de estrés crónico, que ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud dentro de la Clasificación Internacional de Enfermedades (2019). Aunque esta condición se asocia comúnmente con el entorno laboral, su impacto se extiende también al mundo académico, donde los estudiantes enfrentan exigencias similares a las que experimentan los trabajadores.

Según estudios como los de Chambel y Curral (2005), aunque no existe una definición universalmente aceptada del burnout, la propuesta de Maslach y sus colaboradores (1996) resalta tres dimensiones clave: la exaustión, que se manifiesta como un cansancio extremo que impide a los estudiantes realizar sus actividades académicas; el cinismo, que implica desinterés por las responsabilidades académicas; y la reducción del rendimiento, que se traduce en dificultades para completar tareas que antes se realizaban sin problemas.

Factores Clave en el Desarrollo del Burnout Académico

Las características del entorno académico son fundamentales para entender el desarrollo del burnout. Factores como la sobrecarga de trabajo, plazos ajustados y demandas contradictorias, junto con la falta de recursos —como apoyo social y oportunidades para participar en decisiones— son determinantes en este fenómeno. Investigaciones previas han subrayado cómo estas condiciones pueden llevar a algunos estudiantes a desarrollar esta forma de estrés crónico mientras que otros logran evitarlo (Karasek & Theorell, 1990). Por lo tanto, es crucial crear un ambiente académico que proporcione a los estudiantes los recursos necesarios para enfrentar estas exigencias.

No obstante, la responsabilidad no recae únicamente en las instituciones. Los estudiantes también deben hacer un uso efectivo de los recursos disponibles. Por ejemplo, corresponde a los docentes seleccionar referencias científicas adecuadas para facilitar el aprendizaje, mientras que a los alumnos les toca gestionar su tiempo para dedicarlo a la lectura y análisis de esos materiales sin distracciones externas, como las redes sociales.

Estrategias para Prevenir el Burnout Académico

La evaluación del burnout debe realizarse dentro de un contexto terapéutico, considerando síntomas y antecedentes a lo largo del tiempo. Sin embargo, existen herramientas de autoevaluación que permiten a los estudiantes tener una primera aproximación sobre su estado respecto al burnout. En la ULisboa, destaca la herramienta UMind, que permite evaluar el nivel de burnout mediante un conjunto de preguntas simples. Esta herramienta no solo ayuda a identificar posibles casos clínicos sino también ofrece estrategias preventivas.

Cada estudiante tiene la opción de repetir esta autoevaluación durante un mes, dado que el burnout puede presentar variaciones diarias o semanales. Así, obtener una evaluación promedio puede proporcionar información más precisa sobre su estado emocional y académico.

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