La Casa de América en Madrid acoge la exposición El cuerpo errante. Exilio español 1939-1975, comisariada por los profesores de la UNED, Jorge Moreno Andrés y Julián López García. Esta muestra, que se inauguró recientemente, estará abierta al público hasta el próximo 14 de febrero. El proyecto es resultado del trabajo realizado por el equipo de Mapas de Memoria en colaboración con la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, y ofrece un recorrido por las vivencias del exilio republicano a través de documentos, objetos y testimonios que permiten acercarse a una memoria construida desde experiencias tanto personales como colectivas.
Jorge Moreno destaca que esta exposición es única porque aborda el exilio no desde figuras célebres, sino desde las historias cotidianas de quienes vivieron el desarraigo. Según él, “las experiencias muchas veces se condensan en pequeños materiales donde se expresa no solo el dolor, sino también la ilusión y la esperanza”. Este enfoque permite una conexión más íntima con la historia del exilio.
Un recorrido inmersivo y emocional
La exposición está organizada en dos plantas —comunicación y memoria—, distribuidas en seis salas autónomas. Cada sala invita al visitante a interactuar con el pasado mediante diversas acciones: girar imágenes para descubrir su reverso, atravesar un bosque de palabras o abrir armarios. “Al pasado se accede por distintas vías”, aclara Moreno, enfatizando que cada acción propicia un encuentro único con la memoria del exilio.
Este enfoque responde a una idea central del proyecto: la memoria no se contempla solo visualmente, sino que se vive físicamente. “El visitante tiene que poner el cuerpo de una manera distinta en cada sala”, explica Moreno. Abrir un armario para encontrar una pequeña piedra cargada de historia o escuchar voces grabadas crea una conexión emocional que trasciende la observación pasiva.
Investigación profunda y relatos íntimos
El proceso para captar el sentido del exilio desde lo cotidiano ha requerido numerosos desplazamientos y encuentros con familias. “Hemos hecho trabajo de detectives para encontrar familiares e historias representativas”, comenta Moreno. El desafío ha sido trasladar esas narrativas y objetos al espacio expositivo sin perder su carga emocional.
El recorrido culmina en un desván concebido como un espacio de tránsito entre nostalgia y acción. Este lugar evoca la memoria infantil y la imaginación, invitando a los visitantes a explorar sin un itinerario fijo. “Los desvanes pueden ser lugares nostálgicos, pero también inician aventuras”, señala Moreno, quien resalta que este espacio final apela a una memoria viva y creativa.
Actividades paralelas para profundizar en el tema
Acompañando la exposición, hay una programación paralela de actividades, que incluye encuentros, diálogos y pódcast a partir del mes de enero. Estas actividades están diseñadas como espacios de reflexión sobre las diversas formas de narrar y representar la experiencia del exilio desde perspectivas artísticas, literarias y memoriales.