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Aventura ciclística

Dos amigos recorren 900 km en bicicleta de Viana a Bilbao uniendo amistad y aventura
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Dos amigos recorren 900 km en bicicleta de Viana a Bilbao uniendo amistad y aventura

domingo 21 de diciembre de 2025, 13:00h

Dos exalumnos de la FEUP recorrieron 900 km en bicicleta desde Viana do Castelo a Bilbao, combinando amistad y aventura en una experiencia transformadora llena de aprendizajes y recuerdos.

Duas rodas, um sonho: de Viana a Bilbao, com engenharia no pedal

Pedro Sousa e Miguel Ramos, dos campos da Engenharia Mecánica e Engenharia Eletrotécnica e de Computadores, respectivamente, protagonizan una aventura que combina amistad y pasión por la ingeniería. Estos antiguos estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad do Porto (FEUP) decidieron transformar sus vacaciones en un viaje épico en bicicleta, recorriendo 900 kilómetros entre Viana do Castelo y Bilbao.

La idea surgió de manera espontánea, entre risas y cafés, durante el final del máster de Pedro. La intención era celebrar el cierre de un ciclo académico mientras exploraban el mundo de una forma diferente. “Queríamos hacer algo que nos dejara huella, una experiencia que contara nuestra historia”, comenta Pedro.

El momento parecía ideal: para Pedro, representaba la transición entre los estudios y el inicio de su carrera profesional; para Miguel, era una oportunidad para vivir algo nuevo alineado con su pasión por la aventura.

Aventura sobre ruedas: el inicio del viaje

Ambos se conocieron en la Tuna de Ingeniería de la Universidad do Porto (TEUP), donde rápidamente forjaron una conexión. Pedro, entusiasta del ciclismo y con habilidades logísticas, asumió la planificación del recorrido y el equipamiento. Por su parte, Miguel aportó su talento cinematográfico para documentar la travesía en redes sociales. “Todo resultó muy equilibrado; yo pensaba en las rutas y él capturaba cada instante”, recuerda Pedro.

El 1 de agosto partieron hacia el norte, enfrentando montañas y valles españoles. Los primeros días estuvieron llenos de improvisación: duchas en campos deportivos, noches bajo una tienda de campaña y comidas sencillas adquiridas en supermercados. Descubrieron un lujo inesperado: “el verdadero placer puede encontrarse en un baño refrescante en un río o en disfrutar de la sombra al atardecer”, señala Miguel.

A pesar del calor extremo que superó los 35 grados, continuaron pedaleando. Las interminables subidas se compensaban con descensos liberadores y vistas impresionantes. “Fue asombroso ver cómo el esfuerzo transforma nuestra percepción del entorno. Cada ascenso difícil ofrecía unas panorámicas que hacían olvidar todo lo demás”, añade Miguel.

Encuentros sorprendentes y lecciones vitales

Durante su trayecto, encontraron personas que les cambiaron la perspectiva: un canadiense viajando solo por Europa, una pareja holandesa viviendo autónomamente en una aldea remota y muchos otros curiosos atraídos por su proyecto. “Nos dimos cuenta de que existen otras maneras de vivir –tan o más felices– y esa fue una de las lecciones más impactantes”, reflexiona Pedro.

Los Picos de Europa representaron uno de los mayores retos: caídas, problemas mecánicos y tormentas les obligaron a realizar una caminata forzada de 24 kilómetros por la Ruta del Cares tras descubrir que el funicular esperado no existía. Aunque sintieron miedo, también experimentaron esa “sensación rara” que proporciona estar verdaderamente vivos.

Aprendizajes más allá del pedal

Aparte de las experiencias vividas sobre dos ruedas, esta travesía también trajo aprendizajes personales significativos para ambos jóvenes ingenieros. Compartir cada momento del día generó tensiones pero también oportunidades para crecer juntos. “Aprendimos a pedir disculpas, a escuchar y a adaptarnos mutuamente. La experiencia fue como una clase práctica sobre empatía”, confiesa Pedro.

Cerca del final del recorrido, ya junto a la costa cantábrica, celebraron con un “tinto de verano” mientras reflexionaban sobre sus logros y la fortaleza de su amistad. La llegada a Bilbao fue dura pero inolvidable; al abrazarse entendieron que habían logrado algo grande –solo ellos, sus bicicletas y el camino recorrido.

De vuelta a Portugal, el proyecto Bota RAM sigue vivo como punto de partida para nuevas ideas futuras. “Quizás viajes más cortos o nuevos destinos… pero las ganas de pedalear y compartir historias permanecen”, aseguran.

Más allá de ser solo una aventura física, esta jornada vivida por estos dos alumni es un recordatorio poderoso: a engenharia também se faz com curiosidade, resiliência e sonhos com rodas.

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