Yésica Val, una joven coruñesa, ha tenido que reinventarse antes de cumplir los treinta años. Su vida dio un giro drástico cuando comenzó a perder la visión de manera progresiva debido a una enfermedad degenerativa que se manifestó a los 24 años. Lo que inicialmente parecía un simple desajuste ocular se transformó en un cambio radical en su perspectiva de vida. Allí donde la luz comenzaba a escasear, emergió una determinación inesperada.
Ante la incapacidad laboral, Yésica decidió que era el momento de estudiar lo que siempre había deseado: la carrera de Psicología. Este camino no solo le proporcionó una estructura diaria, sino también un nuevo propósito. Sin embargo, su relación con los textos cambió drásticamente. La lectura ya no era inmediata; el braille se convirtió en un desafío, describiéndolo como “un idioma paralelo, exigente y lento”. Así, los audiolibros de la Biblioteca Digital de la ONCE se volvieron sus principales herramientas de estudio.
Desafíos Académicos y Estrategias Innovadoras
La dificultad para abordar asignaturas complejas como Estadística es algo que Yésica recuerda vívidamente. “La vista es un sentido mucho más rápido que las manos”, explica. Comprender fórmulas matemáticas a través del audio o del braille técnico sin acceso visual requirió una ingeniería mental considerable. Para algunos exámenes, desarrolló estrategias casi quirúrgicas: memorizar teorías al detalle o contar con un lector que verbalizara las expresiones matemáticas. “Fue terrorífico”, admite, “pero también un aprendizaje valioso”.
En este proceso educativo, UNIDIS desempeñó un papel crucial al coordinar adaptaciones y gestionar recursos. Esta red de apoyo facilitó que cada examen y cada actividad evaluativa fueran alcanzables para ella. Entre quienes marcaron su trayectoria académica, destaca la figura de su voluntario, quien siempre estuvo dispuesto a ayudarla en tareas como subir archivos o localizar materiales no accesibles. “Nunca me puso una excusa”, expresa con gratitud.
El Poder del Apoyo Humano y la Resiliencia Personal
Esa red humana —compuesta por voluntarios, tutores y compañeros— hizo posible que lo que para muchos es rutina se convirtiera en un camino transitable para Yésica. Sin embargo, no todo fue sencillo; enfrentó profesores poco empáticos y barreras técnicas en el campus que tuvo que señalar repetidamente para su corrección. “Lo que yo peleé”, afirma con determinación, “allanó un poquito el camino para los que vienen detrás”.
Aparte de ser psicóloga, Yésica también es actriz amateur. Durante siete años realizó monólogos y recientemente ha vuelto al teatro, su refugio creativo. “El humor también es una forma de resistencia”, dice con convicción. Su energía está volcada en trabajar con asociaciones de mujeres en riesgo de exclusión, ofreciendo escucha activa y acompañamiento psicosocial.
Reflexiones sobre la Vida y el Futuro
A pesar de su actividad constante y su fuerza interior, Yésica enfrenta sombras cotidianas. “Ser psicóloga no te hace más equilibrada”, bromea sinceramente. Vive sola y trabaja como autónoma; sin embargo, salir a la calle en una ciudad llena de obstáculos representa miedo y frustración constante para ella. La naturaleza degenerativa de su pérdida visual implica desafíos crecientes: “En casa estoy segura —comenta— pero fuera tengo miedo”. Aun así, continúa avanzando con una mezcla admirable de obstinación y ternura.
Para otros estudiantes con discapacidad, Yésica deja un mensaje claro:
“Estamos aquí para ser felices y alcanzar sueños. Habrá obstáculos, pero no hay que abandonar. Luchen. Y si algo no está adaptado, peleen para que lo esté. Las batallas de hoy facilitan el camino a los que vienen después”.
La historia de Yésica Val trasciende el relato individual; es un testimonio sobre la importancia de los vínculos humanos: una universidad más inclusiva al abrazar diversas formas de aprender; unas redes solidarias sin paternalismos; y una estudiante que ha aprendido a observar desde otra perspectiva incluso sin ver.