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Ciencia biológica

Investigadores celebran los avances en biología gracias al gusano C. elegans
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Investigadores celebran los avances en biología gracias al gusano C. elegans

Por José Enrique González
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jenriqueiymagazinees/8/8/19
jueves 08 de enero de 2026, 13:36h
Última actualización: jueves 08 de enero de 2026, 13:44h

El pequeño nematodo Caenorhabditis elegans ha sido clave en investigaciones biológicas, contribuyendo a avances significativos en salud humana y ganando cuatro premios Nobel por sus descubrimientos.

Durante décadas, los científicos han encontrado respuestas a preguntas fundamentales sobre la biología en un pequeño organismo: el Caenorhabditis elegans, un diminuto gusano de solo un milímetro de longitud. Este modesto invertebrado ha sido clave para desentrañar aspectos esenciales del funcionamiento celular y orgánico, logrando un impacto significativo en la salud humana. De hecho, las investigaciones realizadas con C. elegans han sido reconocidas con cuatro premios Nobel y han contribuido al desarrollo de nuevos tratamientos para diversas enfermedades.

En un artículo de perspectiva publicado en la edición de noviembre de 2025 de la revista PNAS, once biólogos, entre ellos Robert Horvitz, profesor de Biología en el MIT y galardonado con el Premio Nobel, celebran los avances logrados gracias a la investigación en C. elegans. En este trabajo, los autores discuten cómo estos descubrimientos han beneficiado la salud humana y destacan la colaboración única que caracteriza a la comunidad científica dedicada al estudio de este gusano.

Un legado de descubrimientos pioneros

Los científicos del MIT están bien representados en esta comunidad. Entre los coautores del artículo se encuentran antiguos estudiantes graduados del MIT como Andrew Fire, PhD ’83, y Paul Sternberg, PhD ’84, quienes ahora trabajan en Stanford University y Caltech, respectivamente. También figuran dos exmiembros del laboratorio de Horvitz: Victor Ambros, PhD ’79, actualmente en la Universidad de Massachusetts Medical School, y el expostdoctorado Gary Ruvkun, del Hospital General de Massachusetts. La autora correspondiente del artículo es Ann Rougvie, de la Universidad de Minnesota.

“Este pequeño gusano es hermoso —elegante tanto en su apariencia como en sus numerosas contribuciones a nuestra comprensión del universo biológico que habitamos,” afirma Horvitz, quien recibió el Premio Nobel en Fisiología o Medicina en 2002 junto a sus colegas Sydney Brenner y John Sulston por sus descubrimientos sobre cómo los genes regulan la muerte celular programada y el desarrollo de órganos.

Aprovechando las ventajas del modelo animal

Los hallazgos iniciales realizados con C. elegans fueron impulsados por científicos pioneros que comprendieron el potencial de este gusano microscópico. Este organismo presenta numerosas ventajas para los investigadores: es fácil de cultivar y mantener en laboratorio; su cuerpo transparente permite observar células y procesos internos bajo el microscopio; es cellularmente simple (posee solo 302 neuronas frente a los aproximadamente 100 mil millones que tiene un humano) y su genoma puede ser manipulado fácilmente para estudiar funciones génicas.

Lo más importante es que muchos de los mecanismos moleculares presentes en C. elegans se han conservado a lo largo de la evolución, lo que significa que los descubrimientos realizados con este gusano son directamente relevantes para otros organismos, incluidos los humanos.

“Muchos aspectos de la biología son antiguos y evolutivamente conservados,” señala Horvitz. “Tales mecanismos compartidos pueden revelarse más fácilmente al analizar organismos que son altamente manejables en el laboratorio.” En la década de 1960, Brenner se interesó por cómo se desarrollan y funcionan los sistemas nerviosos animales, reconociendo que C. elegans ofrecía oportunidades únicas para estudiar estos procesos.

Nuevas fronteras en investigación biomédica

A medida que avanzaban las investigaciones durante las décadas siguientes, Sulston utilizó las características singulares del gusano para rastrear la transformación desde un óvulo fertilizado hasta un animal adulto, siguiendo el origen de cada una de las 959 células del gusano adulto. Sus estudios demostraron que las células se dividen y maduran de manera predecible durante el desarrollo.

A través de su búsqueda por mutaciones que alteraran el proceso de muerte celular programada, Horvitz y su equipo identificaron reguladores clave implicados en este proceso conocido como apoptosis. Estos reguladores son vitales no solo para C. elegans, sino también para todos los animales.

En humanos, la apoptosis juega un papel crucial en la formación adecuada de órganos, optimización estructural del tejido e incluso modulación del sistema inmunológico. Por ejemplo, CED-9 es un regulador antiapoptótico descubierto por Horvitz; su homólogo humano es BCL-2. Activar la muerte celular apoptótica bloqueando BCL-2 ha demostrado ser una estrategia efectiva contra ciertos cánceres hematológicos.

Ecosistema colaborativo entre investigadores

Las contribuciones sobre apoptosis realizadas por Horvitz y sus colegas subrayan cómo comprender la biología del gusano tiene implicaciones directas para enfermedades humanas. Desde entonces, una vibrante comunidad científica ha continuado produciendo trabajos impactantes relacionados con C. elegans. En su artículo publicado en PNAS, Horvitz y sus coautores destacan no solo sus descubrimientos tempranos sino también otros logros galardonados con el Nobel:

  • Andrew Fire y Craig Mello descubrieron un sistema basado en ARN para silenciar genes, lo cual ha llevado al desarrollo de herramientas poderosas utilizadas hoy día para tratar trastornos genéticos mediante interferencia ARN.
  • Martin Chalfie, quien utilizó una proteína fluorescente proveniente de medusas para visualizar células específicas dentro del gusano.
  • Victor Ambros y Gary Ruvkun, quienes identificaron microARNs que regulan actividades génicas no solo en gusanos sino también en todos los organismos multicelulares.

A medida que nuevas tecnologías aceleran el ritmo del descubrimiento científico, Horvitz y sus colegas están convencidos de que este humilde gusano seguirá brindando sorpresas inesperadas e importantes insights sobre biología humana y enfermedades complejas.

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