Un equipo de investigación del Departamento de Mejora Genética Vegetal del Instituto de Agricultura Sostenible de Córdoba (IAS-CSIC), en colaboración con el Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura (CICYTEX), ha revelado que la cantidad de vitamina E y grasas saludables presentes en la quinoa está determinada por la genética de la planta. Este hallazgo abre la posibilidad de seleccionar variedades que se adapten mejor al clima del sur y suroeste de España.
El estudio, que analizó más de un centenar de líneas de este pseudocereal cultivadas durante dos años en condiciones de secano en campos experimentales ubicados en Córdoba y Guadajira (Badajoz), se detalla en el trabajo titulado Genetic and environmental influences on fatty acid and tocopherol diversity in quinua germplasm, publicado en la revista Frontiers in Plant Science. Los resultados indican que ciertos genotipos presentan niveles elevados de tocoferoles, un tipo específico de vitamina E con propiedades antioxidantes, así como ácidos grasos insaturados, cruciales para la salud cardiovascular.
Nuevas perspectivas para un cultivo emergente
La investigación ha sido financiada por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía, junto al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y los Fondos FEDER.
Estos hallazgos subrayan el potencial de la quinoa como un alimento funcional, es decir, no solo nutritivo sino también capaz de contribuir a la prevención de enfermedades, similar a productos como el yogur probiótico o el pescado azul. Además, estos resultados favorecen el establecimiento de un cultivo emergente en España, especialmente relevante ante los desafíos del cambio climático debido a su notable resistencia a la sequía.
Historia y futuro prometedor para la quinoa
Originaria de los Andes, específicamente Perú y Bolivia, la quinoa (Chenopodium quinoa) ha ganado reconocimiento internacional gracias a su valor nutricional y su capacidad para prosperar en condiciones adversas. En España, comenzó a cultivarse hace aproximadamente una década, logrando convertirse en 2023 en el sexto exportador mundial según datos del comercio global proporcionados por Comtrade de las Naciones Unidas.
La línea investigativa surgió como respuesta a esta creciente expansión. “Queríamos verificar hasta qué punto las cualidades nutricionales dependen del ambiente o de la genética; conocer el margen real para mejorar”, explica Sara Fondevilla, investigadora del IAS y autora principal del estudio. Esta investigación inició con una colección que abarca más de 300 accesiones procedentes de diferentes países y diversidad genética conservada en bancos de germoplasma.
Análisis exhaustivo y descubrimientos significativos
A través de un primer filtrado, se seleccionaron 216 accesiones aptas para ser sembradas durante dos años en los centros experimentales; sin embargo, solo 126 lograron producir semillas suficientes y mostraron un comportamiento estable en los cuatro ambientes analizados. El equipo examinó aspectos agronómicos como rendimiento y adaptación climática, así como parámetros nutricionales relacionados con el perfil ácido graso y el contenido vitamínico.
Los resultados mostraron variabilidad significativa entre los genotipos estudiados. Algunos alcanzaron niveles superiores al 80% de ?-tocoferol, considerado la forma más activa de vitamina E; otros presentaron predominancia en ?-tocoferol, conocido por sus propiedades antiinflamatorias. Asimismo, se cuantificó qué proporción de esta variación era atribuible a factores genéticos. En casos específicos como el ácido linolénico (omega-3) y el perfil tocopherólico se observó una heredabilidad alta —hasta un 86%— lo que sugiere que la genética juega un papel más importante que el entorno. “Esto implica que podemos optimizar el perfil saludable en las variedades mediante mejora genética”, señala Fondevilla.
Cultivos con características diferenciadoras
Además, se detectó una correlación positiva entre el contenido graso y los niveles de tocoferoles; es decir, aquellas líneas ricas en grasa tienden a tener mayores cantidades antioxidantes. Esto sugiere que ambos rasgos beneficiosos podrían mejorarse simultáneamente sin comprometer uno al otro.
Otro hallazgo relevante fue la diferencia geográfica observada: las semillas provenientes de Chile y Estados Unidos mostraron mayor proporción de ?-tocoferol, mientras que las originarias de Perú y Bolivia contenían más ?-tocoferol. Estas diferencias coinciden con las divisiones conocidas entre las dos grandes familias genéticas dentro del cultivo: las variedades adaptadas a tierras bajas frente a aquellas propias de tierras altas.
Aspiraciones futuras hacia una quinoa mejorada
A partir de estos descubrimientos, el equipo tiene ahora la capacidad para seleccionar las líneas más estables que aseguren producción bajo condiciones secas junto con buenas características nutricionales. Además, avanzarán hacia la identificación precisa de marcadores genéticos asociados a los compuestos más beneficiosos. Esto facilitará desarrollar variedades mejoradas más rápida y eficientemente.
El objetivo final es obtener una quinoa rentable para los agricultores y atractiva para los consumidores. “Si logramos crear un genotipo con semillas grandes, resistentes a enfermedades y alto valor nutricional, será más productivo y tendrá mejor aceptación comercial”, concluye Fondevilla. También hay interés por explorar no solo las semillas enteras sino también trabajar en la extracción proteínas y grasas saludables para elaborar harinas enriquecidas destinadas a mejorar panes y otros productos procesados.