Investigación pionera en la enfermedad de Machado-Joseph
Un equipo de investigadores del Instituto de Investigación e Innovación en Salud de la Universidad del Porto (i3S), junto con el Instituto de Investigación en Ciencias de la Vida y Salud (ICVS) de la Universidad del Minho y el Centro de Neurociencias y Biología Celular de la Universidad de Coimbra, ha logrado identificar una molécula experimental que podría reducir la gravedad y retrasar el inicio de la ataxia espinocerebelosa tipo 3, también conocida como enfermedad de Machado-Joseph.
La enfermedad de Machado-Joseph es un trastorno neurológico raro, hereditario y degenerativo, que tiene una prevalencia notable en Portugal. Actualmente, no existe cura ni tratamiento efectivo para esta patología, que se origina por una mutación en el gen ATXN3, responsable de producir la proteína ataxina-3, esencial para mantener las células saludables.
Bajo condiciones normales, esta proteína se distribuye uniformemente por la célula. Sin embargo, cuando el gen ATXN3 presenta una expansión en una región repetitiva, la proteína resultante acumula repeticiones del aminoácido glutamina. Esto provoca que se formen agregados tóxicos dentro de las células, especialmente en áreas críticas del cerebro y la médula espinal, lo que desencadena síntomas como dificultades motoras, espasmos y problemas para hablar o mover los ojos.
Resultados alentadores en la investigación
A pesar de que no hay un consenso claro sobre las causas exactas de esta neurotoxicidad, diversos modelos celulares y animales han demostrado que dicha acumulación anómala de ataxina-3 contribuye a la degeneración neuronal asociada con la enfermedad. Por ello, prevenir la formación de estos agregados tóxicos es uno de los enfoques más prometedores para desarrollar tratamientos.
En un estudio publicado recientemente en la revista Advanced Science, liderado por Sandra Macedo Ribeiro del i3S, se examinó un compuesto denominado CLR01. Este actúa como una especie de pinza molecular y ha sido catalogado como un inhibidor eficaz contra la acumulación anormal de proteínas, un fenómeno común en diversas enfermedades neurodegenerativas.
Los resultados obtenidos fueron muy prometedores. Según Sandra Macedo Ribeiro, “los hallazgos mostraron que CLR01 no solo disminuyó la formación de agregados de ataxina-3, sino que también logró desintegrarlos, lo cual ofrece nuevas esperanzas para futuros tratamientos”.
Nueva estrategia terapéutica para Machado-Joseph
Uno de los aspectos más interesantes del estudio fue el descubrimiento del sitio específico donde CLR01 se une a la proteína ataxina-3. Este nuevo punto de unión se encuentra alejado del área implicada en la formación de los agregados tóxicos. “CLR01 funciona como una llave que encaja en este lugar distante”, explica Macedo Ribeiro.
A través de colaboraciones con equipos del CNC-UC/CIBB y del ICVS, se pudo observar el efecto positivo del CLR01 en modelos celulares y animales que simulan la enfermedad. Ana Luísa Carvalho, investigadora del CNC-UC/CIBB y profesora del Departamento de Ciencias de la Vida, destacó “el efecto singular del CLR01 al revertir disfunciones neuronales en modelos celulares” relacionados con esta enfermedad rara.
Pese a los avances logrados con células humanas, también se realizaron estudios utilizando el nematodo C. elegans, donde tras administrar CLR01 se observó una mejora notable en su locomoción. Además, pruebas realizadas en ratones mutantes demostraron que las aplicaciones subcutáneas del compuesto CLR01 lograron retrasar significativamente tanto el inicio como la gravedad de los síntomas asociados a esta enfermedad.
Perspectivas futuras para el tratamiento
En conclusión, Sandra Macedo Ribeiro afirma que al unirse a esta nueva zona objetivo en ataxina-3, CLR01 reduce su tendencia a formar depósitos nocivos sin comprometer su función normal dentro del sistema nervioso. Esta investigación abre nuevas posibilidades para el desarrollo futuro de terapias dirigidas específicamente a este nuevo sitio proteico con el potencial para frenar progresivamente la enfermedad.
Aunque aún queda camino por recorrer antes de realizar ensayos clínicos en humanos, los investigadores consideran que este hallazgo representa un avance significativo hacia tratamientos más efectivos para combatir la enfermedad de Machado-Joseph.

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