Un reciente estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Murcia y con la colaboración de varios centros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha puesto de manifiesto la urgencia de implementar acciones climáticas efectivas y una adecuada gestión del territorio. Este análisis revela que la combinación de una meteorología extrema y una vegetación predispuesta a arder ha sido la principal causa del récord histórico de superficie quemada durante los incendios ocurridos en agosto en el noroeste de la península ibérica.
Esta región, que representa apenas un 2% del territorio de la Unión Europea, concentró más del 50% (aproximadamente 540.000 hectáreas) del área total quemada en Europa entre enero y agosto. Los hallazgos fueron publicados en la revista Global Change Biology.
Incendios históricos vinculados al clima extremo
Los investigadores subrayan que estos incendios no fueron un evento aislado; se produjeron en el contexto de una ola de calor intensa, que se prolongó durante 16 días en el suroeste europeo, creando condiciones meteorológicas propicias para la propagación del fuego. Según Marco Turco, investigador de la Universidad de Murcia, “esto se reflejó en un aumento del Índice Meteorológico de Peligro de Incendios, alcanzando el valor mensual más extremo registrado en el noroeste ibérico desde 1985”.
A pesar de que las condiciones climáticas extremas son esenciales para entender la magnitud de los incendios, el estudio destaca otro elemento crucial: la vegetación afectada. La interacción entre ambos factores es fundamental para comprender el impacto devastador que tuvieron estos incendios.
El papel vital de la vegetación en los incendios
Juli G. Pausas, coautor del artículo e investigador del CSIC en el CIDE, aclara que “los incendios extremos dependen tanto de unas condiciones meteorológicas severas como del tipo de vegetación presente”. En este sentido, los matorrales y pinares ardieron más intensamente en comparación con otros tipos vegetales disponibles en la zona.
Por otro lado, Cristina Santín, investigadora del IMIB, señala que “los bosques autóctonos de roble se quemaron menos de lo esperado si toda la vegetación hubiera ardido por igual”. Además, Santín refuta afirmaciones mediáticas sobre que las áreas protegidas sufrieron más daños que las no protegidas durante esta ola incendiaria.
Una llamada a la acción para prevenir futuros desastres
Para evitar que veranos como el de 2025 se repitan, los investigadores abogan por un cambio hacia estrategias proactivas en lugar de reactivas. Dominic Royé, investigador de la MBG-CSIC, enfatiza: “Es crucial actuar sobre todos los aspectos relacionados con el riesgo: peligro, exposición y vulnerabilidad mediante una mitigación y adaptación coordinadas”. Esta visión busca convertir eventos extremos en excepcionales y no en una nueva norma.
Sánchez-Hernández et al., 2025. Record-Breaking 2025 European Wildfires Concentrated in Northwest Iberia. Global Change Biology 31, no. 12: e70649.